La Gripe

¿Que es la Gripe?

La gripe es una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias causada por un virus. Entre sus características más importantes está su elevada capacidad de transmisión de una persona a otra. Se presenta generalmente en invierno y de una forma epidémica, es decir, que cada año nos enfrentamos a una temporada en la que puede producirse una gran actividad y circulación del virus de la gripe (predominantemente en los meses de noviembre a marzo).

La gripe es un importante problema de salud, tanto por la mortalidad que puede provocar directa o indirectamente, como por las complicaciones que puede ocasionar y los costes económicos y sociales que origina. La proporción de población afectada durante las epidemias anuales oscila entre el 5 y 15% en poblaciones grandes, y es superior al 50% en grupos de población cerrados como internados escolares o asilos.

El virus causante de la gripe tiene una elevada capacidad de sufrir variaciones en sus antígenos de superficie (proteínas que tienen especial relevancia en la capacidad de infección del virus y frente a las que los seres humanos producimos anticuerpos que nos protegen). Estas variaciones implican la aparición de nuevos virus gripales, frente a los que el ser humano no tiene protección. Actualmente existen vacunas antigripales con una alta efectividad y seguridad para controlar la gripe, pero debido a esta alta capacidad de los virus gripales de variar año tras año la vacuna debe actualizarse cada nueva temporada y administrarse anualmente.

El Virus de la Gripe

Los virus de la gripe pertenecen a la familia de los Orthomyxoviridae. Existen tres tipos de virus gripales: A, B y C. Los más importantes son los tipos A y B, ya que el C no produce epidemias y sólo provoca infecciones sin síntomas o con cuadros clínicos poco trascendentes y en casos aislados.

El virus A es el principal causante de las epidemias que se producen cada año y mientras que el virus gripal B se presenta generalmente en brotes más localizados.

Los virus tipo A se dividen en subtipos basándose en dos proteínas (antigenos principales) de la superficie del virus. Estas proteínas se denominan hemaglutinina (H) y neuraminidasa (N) y forman las espículas que se insertan en la envoltura del virus. Los virus gripales B y C, sin embargo, presentan menos rango de variación y no reciben denominaciones de subtipo. Los subtipos más frecuentes de virus A que actualmente están en circulación entre humanos y son anualmente incluidos en la vacuna antigripal son A (H1N1) y A (H3N2). Además de estas, en la vacuna se incluye también una cepa de virus B.

Variaciones en el virus de la gripe. Consecuencias 

La capacidad de los virus de la gripe para producir epidemias deriva de su facilidad para sufrir variaciones en las proteínas H y N. Estas variaciones pueden ser de dos tipos:

Deriva antigénica: Son variaciones menores que se producen por la acumulación de mutaciones puntuales en los genes que codifican las proteínas H y N. Afectan a los virus gripales A y B, siendo la causa de la deriva antigénica y la razón principal de que las personas puedan enfermar de gripe más de una vez en la vida ya que los anticuerpos generados en una infección previa no son totalmente eficaces para dar protección ante una nueva infección por un virus que ha sufrido estas desviaciones. En el mismo sentido, la consecuencia de estas variaciones es que la vacuna antigripal debe ser modificada anualmente adaptándola a las cepas que se cree circularán en cada temporada.

Cambios antigénicos: Se definen como la aparición entre la población humana de un nuevo virus gripal que presenta una o unas nuevas proteínas H y N totalmente distintas de las que han presentado los virus que han estado circulando los años anteriores. En determinadas circunstancias puede producirse un intercambio genético entre los virus humanos y animales, que puede hacer que estos virus nuevos para el hombre sean capaces además de transmitirse de una persona a otra. Estas situaciones pueden dar lugar a las denominadas pandemias, que se caracterizan por afectar a población de todo el mundo.

A lo largo del siglo XX se han producido tres grandes pandemias gripales, todas ellas causadas por virus gripales del tipo A, correspondiéndose con la aparición de los subtipos H1N1 (1918, gripe española), H2N2 (1957, gripe asiática) y H3N2 (1968, gripe de Hong Kong). Las características comunes de las principales pandemias gripales descritas son:

  • Emergencia o aparición de un virus gripal tipo A "nuevo o diferente", en los antígenos hemaglutinina y/o neuraminidasa, a las cepas humanas previamente circulantes.
  • Existencia de una elevada proporción de la población mundial desprotegida, es decir sin inmunidad previa porque nunca ha sufrido la enfermedad por esa cepa de virus de la gripe.
  • Elevada capacidad de la cepa emergente para trasmitirse persona a persona y para producir enfermedad clínica.

Actualmente no es posible saber cuándo se producirá la próxima pandemia, dónde se originará y cual será el subtipo que la ocasione, lo que imposibilita disponer de vacunas anticipadamente e incide en la necesidad de disponer de sistemas de vigilancia de la gripe que permitan una rápida detección e intervención.

Actuaciones puestas en marcha ante la posible aparición de una nueva mutación en el virus y la posibilidad de que ésta produzca una pandemia

Siguiendo las directrices de la Organización Mundial de la Salud, España y la mayoría de los países de nuestro entorno, han desarrollado planes nacionales de actuación ante una posible pandemia de gripe, y desde la Unión Europea se ha elaborado un Plan Comunitario con el fin de coordinar las actuaciones entre países. El Ministerio de Sanidad y Consumo ha participado en la elaboración de este Plan Comunitario y forma parte del Comité y de los grupos de trabajo que están realizando el seguimiento de dicho Plan.

La Organización Mundial de la Salud ha emitido recomendaciones a todos los países en las que establece las directrices para hacer frente a una posible pandemia de gripe. Así, en su Plan de Preparación para la Pandemia de Gripe, la Organización Mundial de la Salud recomienda que todos los países establezcan y dispongan de un Comité Ejecutivo Nacional para la preparación y ejecución del Plan de Actuación.

En España ya se ha constituido este Comité, el "Comité Ejecutivo Nacional para la prevención, el control y el seguimiento de la evolución epidemiológica del virus de la gripe" (Real decreto 1131/2003 de 6 de septiembre Archivo pdf.  Se abrirá en una ventana nueva. ). Es un Comité formado por responsables de todos los Ministerios implicados y presidido por la Ministra de Sanidad y Consumo. Este Comité está desarrollando el seguimiento del plan de actuación ante una posible pandemia de gripe y llevará a cabo las acciones que se consideren necesarias en cada momento. Es imprescindible que sea un comité de carácter multisectorial ya que las medidas que habrá que implantar si se llega a dar una pandemia de gripe son de muy diversos tipos y es fundamental la actuación coordinada de todos los Ministerios implicados.

Se puede obtener amplia información sobre el brote de gripe aviar Archivo pdf.  Se abrirá en una ventana nueva. que se está dando en Sudeste asiático, sus consecuencias y las medidas adoptadas, consultando la página que el Ministerio de Sanidad y Consumo actualiza permanentemente sobre este tema, y que incluye recomendaciones a los viajeros que se dirigen a zonas afectadas.

Cómo se transmite la Gripe

La fuente de la infección está constituida por las personas enfermas. La transmisión se produce fundamentalmente por vía aérea mediante gotitas que son originadas al hablar, toser o estornudar por la persona enferma y que alcanzan a una persona sin gripe pero capaz de padecerla. El virus entra en la nariz, garganta o pulmones de una persona y comienza a multiplicarse causando los síntomas de la gripe. También puede transmitirse, con mucha menos frecuencia, por contacto directo, por ejemplo cuando una persona toca una superficie que contiene virus de la gripe -por ejemplo la mano de un enfermo- y posteriormente se toca su nariz ó su boca.

Las personas enfermas son capaces de transmitir la enfermedad desde un día antes del comienzo de los síntomas hasta unos 3 a 7 días después del comienzo de la enfermedad. Los niños pueden transmitir la gripe incluso durante más de 7 días tras el comienzo de los síntomas.

Los síntomas de la enfermedad comienzan de 1 a 4 días después de que el virus entra en el organismo. Algunas personas son infectadas por el virus de la gripe pero no desarrollan síntomas de la enfermedad, sin embargo estas personas sí que pueden transmitir la enfermedad a otros.

La fuente de la gripe en las infecciones humanas es fundamentalmente el hombre; sin embargo los virus gripales infectan frecuentemente a animales como aves, caballos ó cerdos que pueden ser fuente de nuevos subtipos para el hombre. Esta capacidad demostrada de los virus gripales de los animales de saltar la barrera interespecie y afectar a los seres humanos hace que la gripe no pueda ser considerada como una enfermedad erradicable.

Síntomas de la Gripe

La infección causada por los virus gripales ocasiona una alteración de la mucosa respiratoria. La gripe es diferente de los catarros, la alteración es mucho más severa que la provocada por virus catarrales. A las pocas horas de la infección el tracto respiratorio está inflamado y congestivo.

El cuadro clínico inicial típico suele comenzar de forma brusca con fiebre y escalofríos, acompañados de dolor de cabeza, congestión nasal, molestias de garganta, malestar general, dolores musculares, pérdida de apetito y tos seca.

La fiebre y los dolores musculares suelen durar de 3 a 5 días y la congestión y la falta de energía puede durar hasta 2 semanas.

Algunos síntomas de la gripe son comunes a todas las edades, sin embargo otros son más específicos de determinados grupos de edad. Por ejemplo, en ancianos es frecuente la aparición de dificultad respiratoria o la producción de esputo, mientras que en niños son síntomas frecuentes la otitis media o las molestias abdominales. Estas molestias abdominales como nauseas, vómitos o diarreas son sin embargo muy poco frecuentes en adultos. Los pacientes con alteraciones del sistema inmunitario no presentan unas manifestaciones clínicas de la gripe significativamente distintas de los sujetos sanos. Sí se ha demostrado que en este grupo la enfermedad puede tener una mayor duración y que el virus puede persistir replicándose durante semanas o meses.

La mayoría de las personas se recuperan en una o dos semanas, pero en algunos casos pueden desarrollarse complicaciones. La gripe puede revestir más gravedad en personas mayores, sobre todo a partir de los 65 años y en personas que padecen enfermedades crónicas. Las complicaciones de la gripe son predominantemente respiratorias: neumonías, bronquitis, sinusitis u otitis. Puede haber también deshidratación y empeoramiento de enfermedades crónicas preexistentes como diabetes, asma o problemas cardiacos. La gripe puede ocasionar reagudización de su patología en pacientes con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) o fibrosis quística y también provocar la exacerbación aguda de su enfermedad en asmáticos. Complicaciones neurológicas muy raras de la gripe incluyen el síndrome de Reye y el síndrome de Guillain-Barré.

Como se describe en el apartado de vacunación, en todas estas personas con enfermedades crónicas preexistentes y en los mayores de 65 años se recomienda especialmente la vacunación antigripal.

Diagnóstico de la Gripe

El diagnostico de la gripe suele ser clínico, al detectarse un caso con signos y síntomas compatibles con gripe dentro de un contexto adecuado (temporada gripal, casos de gripe cercanos al paciente…).

La gripe, sin embargo, puede ser difícil de diferenciar de otro tipo de infecciones respiratorias si nos basamos sólo en los síntomas clínicos, ya que los síntomas iniciales pueden ser similares a los que producen otros virus u organismos que afectan a las vías respiratorias.

Hay algunas pruebas de laboratorio que pueden ayudar al diagnóstico de gripe, aunque este tipo de confirmación no es necesario realizarlo a todos los pacientes con sospecha de gripe si se está dentro de la temporada gripal.

El diagnóstico de laboratorio se realiza mediante alguna de las siguientes técnicas: aislamiento viral, detección de proteínas virales, detección de ácido nucleico y cuantificación de anticuerpos en sangre. Las tres primeras técnicas se realizan sobre secreciones respiratorias tomada mediante frotis nasal o faríngeo, y para la cuarta es preciso extraer sangre en los momentos agudo y convaleciente de la enfermedad. Recientemente se han puesto en funcionamiento pruebas de diagnóstico rápido, que pueden detectar el virus de la gripe en un periodo de unos 30 minutos a pocas horas, si bien su alto coste y características técnicas hacen muy difícil su utilización.

Para todas estas pruebas han de tomarse muestras apropiadas. Las secreciones respiratorias deben ser recogidas en los primeros 4 días de la infección. Esto es debido a que los virus pueden encontrarse en el lavado nasofaríngeo dentro de las primeras 24 horas tras la exposición a la fuente de la infección y su concentración suele aumentar hasta alcanzar un máximo entre las 24 y 72 horas tras la exposición y volver a niveles bajos alrededor del quinto día.

Tratamiento de la Gripe

El tratamiento de la gripe suele ir enfocado a tratar los síntomas que la enfermedad produce. Sin embargo actualmente existen cuatro antivirales frente a los virus gripales (amantadina, rimantadina, zanamivir y oseltamivir) aunque su utilización es muy limitada.

Consejos en caso de padecer gripe:

  • Descansar
  • Beber abundantes líquidos
  • Evitar el consumo de alcohol o tabaco
  • Tomar medicación que mejore los síntomas de la gripe (como medicamentos para bajar la fiebre…)
  • La gripe está causada por un virus, así que los antibióticos no mejoran los síntomas no aceleran la curación.
  • No dar aspirina a niños ni adolescentes (podría provocar un síndrome raro pero grave que se denomina Síndrome de Reye)

Antivirales:

Los fármacos antivirales si se dan en los primeros días tras el inicio de los síntomas pueden reducir la duración de la enfermedad. Estos medicamentos deben ser recetados por un médico ya que pueden tener efectos adversos importantes. Hay que tener en cuenta que estos fármacos no son efectivos para tratar infecciones bacterianas ni otros virus que pueden darse como complicaciones de la gripe.

Hay dos grupos de fármacos antivirales:

Amantadina y rimantadina actúan contra la proteína M2 sólo de los virus gripales A y son eficaces si se dan en primeras 48 horas. Sin embargo tienen importantes efectos secundarios (5-10%) tales como: nerviosismo, ansiedad, insomnio y trastornos gastrointestinales y además pueden desarrollar rápidamente resistencia intrínseca y cruzada, con lo que el tratamiento ya no sería efectivo. Por todas estas razones, estos fármacos son muy poco utilizados.

Los nuevos inhibidores de la neuraminidasa (zamamivir inhalado y oseltamivir oral) actúan frente a los virus gripales A y B, y han demostrado eficacia si se administran también en las primeras 48 horas. Zanamivir tiene como efectos secundarios más frecuentes la reagudización del asma y no se recomienda en personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Oseltamivir puede provocar sobre todo alteraciones gastrointestinales como nauseas y vómitos.

De los fármacos antigripales existentes, actualmente en España están autorizados y comercializados: amantadina,  zanamivir y oseltamivir.

Alguno de estos fármacos antivirales pueden ser utilizados también como prevención, pero en ningún caso el uso de estos fármacos debe ser un sustituto de la vacunación. Estos medicamentos están indicados como prevención en algunas situaciones especiales como en sujetos de alto riesgo que no han podido ser vacunados o en los que no se produce una respuesta adecuada de anticuerpos tras la vacunación.

Vigilancia de la Gripe

¿Porqué es necesaria la vigilancia de la gripe? 

Los principales objetivos de la vigilancia de la gripe se podrían resumir en los siguientes:

  • Hacer un seguimiento de las cepas del virus que circulan en cada momento para permitir determinar la composición de las vacunas.
  • Disponer de datos que permitan estimar la incidencia de la gripe así como la mortalidad y las complicaciones que produce, y a partir de esta información tomar las medidas necesarias para proteger a la población.
  • Tener sistemas que sean capaces de detectar de forma precoz la aparición de cepas nuevas capaces dar lugar a la aparición de una pandemia.
  • Permitir diferenciar la gripe de otras epidemias ocasionadas por otros agentes causantes de enfermedades de vías respiratorias altas.

¿Cómo se realiza la vigilancia de la gripe?

A nivel mundial

Hace ya más de 50 años la Organización Mundial de la Salud instauró un programa internacional de vigilancia epidemiológica de la gripe; hoy 112 Centros Nacionales de Gripe distribuidos por 83 países recogen e identifican cepas gripales. Su misión es aislar y caracterizar los virus gripales circulantes. Estos virus son luego comparados entre sí a nivel mundial en cuatro Centros Colaboradores de Investigación en Gripe (Atlanta, Londres, Melbourne y Tokyo), a fin de evaluar la importancia de las nuevas variantes detectadas. En base a estos datos, cada año la Organización Mundial de la Salud establece la composición de la vacuna para la siguiente temporada, que incluye las cepas que con más probabilidad van a circular.

La declaración por parte de los países de estos datos del virus de la gripe y el acceso a la información generada se realiza a través de Internet mediante un sistema denominado Flunet. Se abrirá en una ventana nueva.

España participa en este programa con tres Centros Nacionales de Gripe ofrecidos por nuestro país (Centro Nacional de Microbiología. Instituto de Salud Carlos III. Ministerio de Sanidad y Consumo. Madrid; Hospital Clínico de Barcelona; Facultad de Medicina de Valladolid.)

En España y Europa

En España la vigilancia de la gripe se realiza a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, en la que la información es suministrada por las Comunidades Autónomas mediante el Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria. Según este sistema todos los médicos en ejercicio tienen obligación de declarar determinadas enfermedades, entre ellas la gripe, a su Comunidad Autónoma, y posteriormente las Comunidades declaran las enfermedades a nivel central, al Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III que recoge y gestiona toda la información a nivel nacional.

Además, en España existe un sistema de vigilancia epidemiológica especial para la gripe mediante redes de médicos centinelas y laboratorios con capacidad de aislamiento del virus de la gripe en algunas Comunidades Autónomas que permanecen activos durante la temporada gripal. Esta red suministra semanalmente datos de incidencia de la gripe y actualmente está funcionando en 16 Comunidades Autónomas, cubriendo aproximadamente un 90% de la población española. Esta red tiene entre sus objetivos disponer de una forma rápida de información clínica y virológica que sirva para detectar precozmente el inicio de la actividad de la enfermedad e identificar los virus circulantes.

Asimismo, los países de la Unión Europea, incluida España, integran un sistema de vigilancia denominado EISN (European Influenza Surveillance Network), Se abrirá en una ventana nueva. que facilita información semanal sobre la actividad de la gripe en Europa.

Datos obtenidos de la vigilancia de la gripe en España

Para obtener información detallada de la vigilancia de la gripe en España tanto de la temporada actual como de anteriores temporadas, y consultar los informes que sobre esta enfermedad se realizan con los datos que se recogen por el sistema de médicos centinela se puede consultar la siguiente página del Instituto de Salud Carlos III: http://vgripe.isciii.es/gripe/inicio.do Se abrirá en una ventana nueva.

Prevención de la Gripe. Vacunación antigripal

La vacunación contra la gripe es el método más eficaz para prevenir la gripe.

¿Quién se debe vacunar frente a la gripe?

La vacunación se recomienda fundamentalmente para las personas con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecer la gripe y para las personas en contacto con estos grupos de alto riesgo ya que pueden transmitírsela.

Así, los grupos de población en los que se recomienda la vacunación antigripal, según recomendaciones aprobadas por la Comisión Nacional de Salud Pública, son las siguientes:

1. Personas de edad mayor o igual a 65 años. Se hará especial énfasis en aquellas personas que conviven en instituciones cerradas.

2. Personas menores de 65 años que presentan un alto riesgo de complicaciones derivadas de la gripe:

  • Niños/as (mayores de 6 meses) y adultos con enfermedades crónicas cardiovasculares (excluyendo hipertensión arterial aislada) o pulmonares, incluyendo displasia bronco-pulmonar, fibrosis quística y asma.
  • Niños/as (mayores de 6 meses) y adultos con:
    • enfermedades metabólicas, incluida diabetes mellitus.
    • obesidad mórbida (índice de masa corporal ≥ 40 en adultos, ≥ 35 en adolescentes o ≥ 3 DS en la infancia).
    • insuficiencia renal.
    • hemoglobinopatías y anemias.
    • asplenia.
    • enfermedad hepática crónica.
    • enfermedades neuromusculares graves.
    • inmunosupresión, incluida la originada por la infección de VIH o por fármacos o en los receptores de trasplantes.
    • implante coclear o en espera del mismo.
    • trastornos y enfermedades que conllevan disfunción cognitiva: síndrome de Down, demencias y otras.

    En este grupo se hará un especial énfasis en aquellas personas que precisen seguimiento médico periódico o que hayan sido hospitalizadas en el año precedente.

  • Residentes en instituciones cerradas, de cualquier edad a partir de 6 meses, que padezcan procesos crónicos.
  • Niños/as y adolescentes, de 6 meses a 18 años, que reciben tratamiento prolongado con ácido acetil salicílico, por la posibilidad de desarrollar un síndrome de Reye tras la gripe.
  • Mujeres embarazadas en cualquier trimestre de gestación.

3. Personas que pueden transmitir la gripe a aquellas que tienen un alto riesgo de presentar complicaciones:

  • Trabajadores de los centros sanitarios, tanto de atención primaria como especializada y hospitalaria; pública y privada. Se hará especial énfasis en aquellos profesionales que atienden a pacientes de algunos de los grupos de alto riesgo anteriormente descritos.
  • Personas que por su ocupación trabajan en instituciones geriátricas o en centros de atención a enfermos crónicos, especialmente los que tengan contacto continuo con personas vulnerables.
  • Personas que proporcionen cuidados domiciliarios a pacientes de alto riesgo o ancianos.
  • Personas que conviven en el hogar, incluidos niños/as, con otras que pertenecen a algunos de los grupos de alto riesgo, por su condición clínica especial (citados en el punto 2).

4. Otros grupos en los que se recomienda la vacunación:

  • Personas que trabajan en servicios públicos esenciales, con especial énfasis en los siguientes subgrupos:
    • Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, con dependencia nacional, autonómica o local.
    • Bomberos
    • Servicios de protección civil.
    • Personas que trabajan en los servicios de emergencia sanitarias.
    • Trabajadores de instituciones penitenciarias y de otros centros de internamiento por resolución judicial. 
  • Personas que, por su ocupación, pueden estar en contacto con aves con sospecha o confirmación de infección por virus de gripe aviar altamente patogénico, especialmente:

    • las personas que están directamente involucradas en las tareas de control y erradicación de los brotes (destrucción de los animales muertos, limpieza y desinfección de las áreas infectadas).
    • las personas que viven y/o trabajan en granjas de aves donde se han notificado brotes, o se sospecha su existencia.

Esta recomendación deberá actualizarse en función de las evidencias epidemiológicas sobre el patrón de presentación y difusión de la infección por virus de gripe aviar.

¿Quien no debe ser vacunado?

  • Las personas con alergia al huevo, con hipersensibilidad a las proteínas de huevo o que hayan tenido una reacción alérgica severa a una vacunación anterior con vacuna de la gripe.
  • Los niños menores de 6 meses.
  • Si se tiene una enfermedad aguda con fiebre alta debe esperarse hasta que esta situación remita.

¿Por qué hay que vacunarse cada año?

Los anticuerpos producidos en respuesta a la vacunación antigripal van disminuyendo con el tiempo y pueden no ser suficientes para garantizar la adecuada protección al año siguiente de la vacunación. Además, el proceso evolutivo normal del virus de la gripe incluye una serie de variaciones antigénicas menores que suponen una diferencia en un pequeño número de aminoácidos en las proteínas hemaglutinina y neuraminidasa. La consecuencia de estas pequeñas variaciones es que la vacuna antigripal debe ser modificada anualmente adaptándola a las cepas que se estima circularán en cada temporada. En este punto juega un papel fundamental la vigilancia nacional e internacional de la gripe, que tiene como objetivo fundamental caracterizar adecuadamente los virus circulantes y su difusión entre la población. 

¿Cuándo se debe vacunar de la gripe?

La fecha de comienzo de la campaña vacunal viene determinada por la época en que habitualmente comienza a circular el virus, es decir en los meses de octubre-noviembre en el hemisferio norte y en el hemisferio sur en marzo-abril.

Por ello, en España, en todas las Comunidades Autónomas las campañas de vacunación se inician a mediados de septiembre y mediados de octubre. La vacuna comienza a hacer efecto aproximadamente a las dos semanas de su aplicación, por lo que conviene no demorarse en la vacunación, si bien la vacunación puede seguir siendo de alguna utilidad administrada más tardíamente.

¿Cuántas dosis de vacuna es necesario administrar?

La vacuna antigripal debe ser administrada en una única dosis excepto para los niños que no han recibido ninguna dosis, en los que se recomiendan dos dosis con un intervalo de 4 semanas.

¿Cómo debe administrarse y conservarse la vacuna antigripal?

Las vacunas inactivadas se administran a los adultos por vía intramuscular o subcutánea profunda en el músculo deltoides (parte superior del brazo) y en niños por vía intramuscular en el muslo. También hay una vacuna con administración intradérmica. El contenido de la vacuna debe ser de 0,25 ml desde los 6 meses hasta los 3 años y de 0,5 ml a partir de esta edad.

Las vacunas antigripales deben conservarse siempre en nevera (+2 a +8º C) hasta el momento de la administración.

¿Dónde hay que acudir a vacunarse?

Las personas incluidas en los grupos a los que se recomienda la vacunación se le administrará la vacuna de forma gratuita en los centros de salud. Serán vacunados en sus domicilios aquellos pacientes de riesgo que no puedan acudir a su centro. Se administra también la vacuna en las residencias de ancianos y en aquellos servicios sanitarios que traten a pacientes de riesgo.

Algunas empresas facilitan la vacunación a sus empleados.

¿De qué está compuesta la vacuna de la gripe?

La vacuna de la gripe contiene tres cepas (dos tipo A y una tipo B) que representan los virus que más probablemente circulen en el invierno siguiente. La mayoría de las vacunas se fabrican a partir de virus cultivados en huevos embrionados de gallina que posteriormente son inactivados y fraccionados.

En base a los datos obtenidos de la vigilancia del virus de la gripe, la Organización Mundial de la Salud publica anualmente las recomendaciones sobre el contenido de la vacuna.

La composición de la vacuna para esta o para pasadas temporadas se puede consultar en: http://www.who.int/influenza/vaccines/virus/recommendations/2013_14_north/en/index.html Se abrirá en una ventana nueva.

¿Es efectiva la vacuna de la gripe?

La mayor parte de los adultos desarrollan altos títulos de anticuerpos tras una dosis de vacuna. Estos anticuerpos únicamente son protectores frente a los virus de la gripe similares a los incluidos en la vacuna.

La capacidad protectora de la vacuna depende fundamentalmente de dos factores:

  • la edad y del estado de salud de la persona vacunada.
  • la similitud de los virus circulantes y los contenidos en la vacuna.

Cuando la coincidencia entre los virus circulantes y los vacunales es alta, la vacuna previene entre el 70 y el 90 % de la gripe en sujetos sanos menores de 65 años. En personas mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas es efectiva en la prevención de complicaciones derivadas de la gripe. Se pueden evitar un 50 a 60% de hospitalizaciones y el 80% de fallecimientos derivados de estas complicaciones. En estos grupos, la eficacia para prevenir la enfermedad es de un 30 a 40%, pero es importante tener en cuenta que, aunque se pueda adquirir la infección, la enfermedad será con mucha probabilidad menos grave si ha habido vacunación anterior.

¿Puedo contraer la gripe al recibir la vacuna?

La mayoría de las vacunas frente a la gripe no pueden provocar la enfermedad porque están compuestas por virus muertos no contagiosos. Si una persona sufre en los días posteriores a la vacunación un cuadro de vías respiratorias altas no esta relacionado con la administración de la vacuna antigripal.

¿Cuáles son los riesgos al recibir una vacuna de gripe?

El riesgo de que la vacuna antigripal cause un daño grave es extremadamente pequeño, sin embargo, como con cualquier medicamento puede dar lugar a reacciones serias.

El efecto secundario mas frecuente tras la administración de la vacuna es escozor y/o dolor en el lugar de la inyección. Estas reacciones locales suelen durar menos de 48 horas y rara vez interfieren con la vida normal de los vacunados.

Las reacciones tales como fiebre, malestar o dolores musculares pueden aparecer tras la vacunación y son mas frecuentes en niños de menos de 12 años y vacunados por primera vez. Estas reacciones se inician en las primeras 6-12 horas y suelen persistir 1-2 días.

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