Prevención: una prioridad

Por ti por mí

Se estima que entre 120.000 y 150.000 personas viven con la infección por el VIH en España, y una cuarta parte de ellas aún no lo sabe.

El marcado descenso del número de casos de sida que se diagnostican cada año, de la mortalidad por esta causa y la evidente mejoría en la calidad de vida y el pronóstico de las personas infectadas, han contribuido a extender entre la población la percepción de que la infección por VIH está controlada en España. Con una prevalencia estimada de tres personas infectadas de cada mil, es evidente que esta visión no se corresponde con la realidad, pero puede dar lugar a una relajación en las medidas de prevención y a una sensación de falsa seguridad en el conjunto de la población.

Los grandes objetivos de la prevención en nuestro país siguen siendo los que ya en 1987 aprobó la Asamblea Mundial de la Salud: prevenir nuevas infecciones, reducir el impacto negativo personal y social de la epidemia y movilizar y coordinar los esfuerzos contra la infección por el VIH.

La eficiencia de las intervenciones preventivas aumenta cuando se dirigen a las poblaciones con mayor riesgo de infección. Pero este tipo de intervenciones no son suficientes por sí solas. Es imprescindible complementarlas con otras destinadas a población general.

En España las personas que se inyectan drogas siguen estando expuestas a un elevado riesgo de infección por VIH y hepatitis, y hay que responder a esta característica de la epidemia ampliando y diversificando los programas de reducción de los daños asociados al consumo de drogas.

Pero son las prácticas sexuales las que están determinando ya la transmisión del VIH y el futuro de la epidemia. Reforzar la cultura del sexo seguro en el contexto de una epidemia cambiante es ya el principal objetivo de la prevención, y la principal herramienta, el preservativo.

Cualquiera puede infectarse y la prevención depende del comportamiento de cada persona, pero de todos/as depende la creación de un clima de tolerancia y respeto hacia los estilos de vida diferentes y de solidaridad con las personas con VIH o especialmente vulnerables a esta infección, imprescindible para frenar la extensión de la epidemia.

 

EN AUSENCIA DE VACUNA O TRATAMIENTO CURATIVO,
LA PREVENCIÓN CONTINÚA SIENDO
LA ÚNICA FORMA EFICAZ DE LUCHAR CONTRA EL VIH

 

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