Análisis de la situación de la juventud

Se puede considerar la juventud como una etapa de la vida en la cual se empiezan a tomar las primeras decisiones independientes, a practicar elecciones y a acumular los aprendizajes necesarios para llegar a ser un adulto autonomo en todos los aspectos.

A pesar de poder describir rasgos comunes para este conjunto, la poblacion joven es un grupo social muy diverso, cuyas creencias, valores, actitudes, expectativas y comportamientos difieren considerablemente, reflejando el conocimiento individual, la experiencia y un infinito abanico de influencias sociales, lo que les convierte claramente en una poblacion heterogenea. Esta diversidad representa un reto para el diseño de intervenciones educativas y sanitarias eficaces y efectivas.

Considerando "jóvenes" a las personas entre 15 y 29 anos, este colectivo representa el 22,23% de la poblacion española (8.855.000 de jovenes) (Figura 1).

Atendiendo a la distribucion territorial de dicha poblacion, es de destacar que tres de cada cinco jóvenes (58%) residen en cuatro Comunidades Autónomas: Andalucia (20%), Cataluña (15%), Madrid (13%), y Valencia (10%). El 67% vive en núcleos de población urbana (mas de 10.000 habitantes), 16% en núcleos intermedios, y un 17% en núcleos rurales menores de 2.000 habitantes.

  • Tres de cada cuatro jóvenes viven en el hogar familiar y a la edad de 26 a 29 años, uno de cada dos aun permanece en él. Los hogares familiares tienen cada vez menos miembros, de hecho, el 48% de los jóvenes no convive con ningún hermano o hermana y en el 16% de los casos no convive con ningún progenitor o solo lo hace con uno de ellos.

  • La dependencia economica esta ligada a la situación de dependencia familiar hasta edades muy avanzadas. A la edad de 29 anos el 28% de los jóvenes sigue dependiendo económicamente de su familia (Figura 2). Estudiar y trabajar constituyen las actividades principales de la juventud (Figura 3).

  • Estas actividades tienen algunas particularidades: un elevado porcentaje de jovenes (72%) refiere experiencia laboral, pero en esta predominan los trabajos poco remunerados y de escasa duracion. Respecto a la experiencia educativa, más de la mitad de los jóvenes de BUP no terminaron sus estudios y el 26,7 % de los alumnos españoles fracasan en la escuela.

La igualdad entre hombre y mujer está aun lejos de conseguirse: una de cada tres mujeres jóvenes se han sentido discriminadas en alguna ocasión, en el hogar o en el empleo. Este dato es ratificado por el elevado porcentaje de chicos que no participa nunca en las principales tareas domesticas.

Asimismo hay que tener en cuenta que la promocioó de la salud es un proceso, no un hecho puntual y que las necesidades y problemas de salud de las poblaciones deben valorarse no solo en relacion con las consecuencias inmediatas en la salud y la calidad de vida, sino tambien midiendo las repercusiones a largo plazo que la carencia de un capital de salud conlleva.

Muchos análisis de la situación sanitaria de la poblacion joven concluyen que, en general, este colectivo goza de buena salud, conclusión estrictamente cierta si medimos la salud con indicadores clasicos de mortalidad y morbilidad, por enfermedades bien establecidas. Sin embargo, el análisis que aquí se presenta se realiza desde el punto de vista de la promoción de la salud y considera que durante la infancia y la adolescencia es esencial adquirir un "capital de salud", en terminos de información sobre temas claves y la adquisición de unas habilidades de vida y actitudes de respuesta saludables.

Capital de Salud. Componentes:

  1. Informacion sobre temas claves:

  2. Sexualidad

  3. Nutricion

  4. Drogas

  5. Seguridad y riesgos

  6. Actividad fisica

  7. Salud mental

Habilidades de vida:

  1. Habilidad de comunicacion

  2. Relaciones sociales

  3. Autoestima y asertividad

  4. Conocimiento de si mismos

  5. Toma de decisiones

  6. Tolerancia y cooperación

  7. Control emocional

Actitudes de respuesta saludable ante temas que afectan a la salud y calidad de vida.

  • Contexto Educativo previo

Durante el periodo escolar obligatorio, los niños, niñas y jovenes pueden adquirir información, valores y conductas que les ayudaran a vivir una vida saludable. Sin embargo, este "capital de salud" no llega a todos los jovenes por igual.

A pesar de la introduccion de la educación para la salud como materia transversal en el curriculum escolar por la LOGSE, al principio de los 90, nuestros jovenes distan aun de haber alcanzado los objetivos de salud inicialmente previstos. Además, no es de esperar que aun en las escuelas donde el proceso de educacion para la salud es de calidad y duración adecuada, los programas e intervenciones puedan ser efectivos al 100%.

La escuela es un espacio educativo crucial para la salud de los jovenes, pero influye en mayor medida el entorno familiar y social. Por ello deben tenerse en cuenta estos entornos (familiar y comunitario) para promocionar la salud.

A partir de los 15 años, los jóvenes siguen siendo receptivos a las intervenciones dirigidas adecuadamente a ellos y aunque parte de su capital de salud esta ya conseguido, existe un amplio margen para la intervencion.De hecho es entre los 15 y los 24 años cuando se toman decisiones importantes respecto al estilo de vida.

  • Contexto familiar

La familia es un gran referente a lo largo de la vida y especialmente durante la infancia y la juventud. La familia ha evolucionado muy rapidamente y la sociedad no se ha adaptado a estos cambios a la misma velocidad, esta situación repercute fundamentalmente en niños, jóvenes y ancianos. El contexto familiar influye de manera notable en la salud. Uno de los aspectos claves es la comunicación intrafamiliar. Recientemente ha sido estudiada en relación con el consumo de tabaco, alcohol y drogas y se identificaron las características que los jóvenes menos vulnerables identificaban y percibian en sus progenitores:

  1. Les entienden realmente.

  2. Son fuente de consejo competente con relevancia en sus vidas.

  3. Se interesan por su vida escolar.

  4. Comparten aficiones.

  5. Les respetan como personas.

  6. La atmosfera familiar es cooperativa y armoniosa.

  • Jovenes especialmente vulnerables

Existen algunos grupos de jóvenes que necesitan una atención especial, como los desescolarizados y no integrados en el mercado laboral, y los colectivos en circunstancias socio económicas muy desfavorables.En estos grupos se acumulan riesgos y deficits en la adquisición de un capital de salud que no son subsanados con los programas generales dirigidos a la juventud, necesitando estos colectivos de intervenciones muy específicas que se basen en sus peculiares características y necesidades. En otros casos hay que tratar de acercar y adaptar los programas y servicios a las necesidades concretas; como es el caso de los jovenes que segun su propia valoracion, padecen algun tipo de deficiencia, discapacidad, minusvalía o cualquier otra condición crónica que restringe o impide sus actividades diarias y que de acuerdo con las Encuestas Nacionales son aproximadamente uno de cada diez jovenes europeos.

En España, según la Encuesta Nacional sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud de 1999, el número de jóvenes con discapacidad1 de 17 a 29 años es de 181.613 (68.592 mujeres y 113.021 hombres).

  • Recursos para la juventud

Los recursos específicos para jóvenes son escasos, no sólo en España, sino también en países de nuestro entorno.

Estudios llevados a cabo en Australia, Canadá, EE.UU y Suecia muestran que los servicios de salud no escuchan verdaderamente las necesidades de los jóvenes, no ofrecen el grado de confidencialidad deseada o simplemente no abordan los problemas a los que ellos deben enfrentarse cada día.

La OMS ha alertado sobre la necesidad de que servicios de salud de calidad respondan a las necesidades de los adolescentes.

Esta situación podría ser extrapolable a la situación actual en España.

1DEFINICIÓN DE DISCAPACIDAD: toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano.(Definición OMS para CIDDM adoptada por el INE). 

Situación de la salud sexual y reproductiva

Una sexualidad sana incluye tres conceptos básicos:

  • La aptitud para disfrutar de la actividad sexual y reproductora y para regularla de conformidad a una ética personal y social.

  • La ausencia de temores, sentimientos de vergüenza y culpabilidad, de creencias infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la vivencia de la sexualidad o perturben las relaciones sexuales.

  • La ausencia de trastornos orgánicos y de enfermedades y deficiencias que entorpezcan la actividad sexual y reproductora.

Fecundidad, natalidad, interrupción voluntaria del embarazo y contracepción

En la actualidad está ampliamente reconocido que el embarazo en adolescentes y la maternidad temprana están asociados con fracaso escolar, deterioro de la salud física y mental, aislamiento social, pobreza y otros factores relacionados

  • Fecundidad y Natalidad

Según el Movimiento Natural de la Población del INE en 1998 se produjeron en España 11.264 nacimientos de madres menores de 20 años, de las cuales el 60% no estaban casadas. En el 20,5% de los casos, el padre era también menor de 20 años.

En el total de nacimientos ocurridos ese mismo año, en 14.311 casos (4%) al menos uno de los progenitores era menor de 20 años. El 68% de estos menores eran solteros (Tabla 1).

Debemos destacar que la edad de los padres por debajo de 20 años se ha manifestado como un riesgo desde el comienzo en la vida para los recién nacidos. Los embarazos en menores de 20 años, presentan el doble de riesgos biológicos asociados al menor peso al nacer, el parto distócico y la prematuridad. Además hay que tener en cuenta los riesgos socio culturales que estos casos suelen llevar asociados.

La edad media de la maternidad en España se situó en ese mismo año (1998), en los 30,56 años.

  • Interrupción Voluntaria del Embarazo

Según el Registro de Interrupción Voluntaria del Embarazo del Ministerio de Sanidad y Consumo, el número de interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) en mujeres menores de 25 años fue, en 2000, de 27.547 lo que supuso un aumento del 10% respecto a 1999; año en el que se produjeron 494 abortos por 1000 nacidos vivos, lo que significa que el 33% de los embarazos en esas menores terminaron en IVE. En menores de 20 años, esta tasa fue de 7,49 por mil. La Tabla 2 muestra su distribución por grupos de edad y Comunidad Autónoma.

En la última década, las tasas de IVE se han elevado en todos los grupos de edad, con un aumento mayor en el grupo de 20-24, seguido del de menores de 20 años. Entre las menores de 20 años que abortaron en el año 2000, sólo el 27,41% utilizó algún servicio de planificación familiar, durante los dos años anteriores y en el grupo de 20 a 24 años, sólo lo hizo el 34,48%.

Un aspecto que merece especial atención es que el 23,15% de las mujeres que abortaron en 2000, había tenido uno o más abortos anteriores (8,5% de las menores de 20 años, y 19,29% de las mujeres de 20 a 24 años). (Figura 4).

En la última década, el porcentaje de abortos de repetición, ha subido ligeramente (del 19,59% en 1990 a 23,15% en 2000). Estos datos pueden verse comparativamente por Comunidad Autónoma en la Figura 5.

  • Contracepción

Según la Encuesta de Fecundidad 1999, el 79,9% de las mujeres de 15 a 19 años no ha utilizado nunca un método anticonceptivo y entre las 423.000 adolescentes que tienen cónyuge, pareja estable o relaciones ocasionales, sólo la mitad utiliza métodos anticonceptivos.

A la edad de 20-24 años, el 41,3% no ha utilizado nunca métodos anticonceptivos. (Tabla 3).

Respecto al tipo de método, el más usado es el preservativo masculino. Lo utiliza el 42% de las mujeres de 15 a 49 años. El miedo a padecer una ETS, sobre todo el sida y la hepatitis B, ha contribuido a que en los años noventa el preservativo haya desplazado a la “píldora” como método anticonceptivo más usado. Un 20% utilizó anticoncepción oral hormonal. El 0,10% utilizó la píldora del día siguiente o tratamiento de emergencia.

El uso del condón ha aumentado como parece deducirse de los datos antes comentados, pero aún sigue siendo muy insuficiente. Por grupos de edad y en relación al tipo de relación sexual, el uso del condón fue investigado en una muestra representativa de la población española en 1996, y puede verse en la Tabla 4.

En suma, los embarazos en adolescentes han aumentado ligeramente, y las IVE han experimentado una tendencia ascendente.Sin embargo, estas tasas siguen estando por debajo de la mayoría de los países de la UE.

Infecciones y Enfermedades de Transmisión Sexual (ITS/ETS)

Más de 30 enfermedades bacterianas, virales, fúngicas y parasitarias pueden ser transmitidas por vía sexual, en este apartado sólo se analizan aquellas más relevantes y de las que se tienen datos epidemiológicos.

En España el registro de las EDO ( Enfermedades de Declaración Obligatoria), solo incluye dos enfermedades de transmisión sexual ( Sífilis y Gonococia). La tasa de incidencia de Sífilis ha disminuido desde el año 1984 hasta 1997 en más de ocho puntos (de 10,3 a 1,94 por 100.000 habitantes). A partir de entonces se ha observado una estabilización de esta enfermedad en nuestro país.

En lo que respecta a la Gonococia, su tasa de incidencia (x 100.000 habitantes) subió desde 27,4 en 1982 hasta 79,4 en 1997 y en los dos años siguientes se produjo un espectacular descenso, bajando la tasa en 1999 hasta 3,85 por 100.000 habitantes.

La ETS que se diagnostica con más frecuencia, entre el 23% y el 45%, es la Uretritis No Gonocócica, que en el 27% de los casos podría atribuirse a infecciones por Chlamydias, lo que coincide con los resultados obtenidos en estudios recientes realizados en Suecia y Finlandia donde se concluye que la Infección por Chlamydia es, con diferencia, la ETS más común, afectando a un 5-7% de jóvenes europeos, si bien la tendencia actual es hacia la disminución, a excepción de Inglaterra, País de Gales y los países ex soviéticos.

El Condiloma Acuminado (infección genital producida por el papilomavirus humano) es el segundo diagnóstico más frecuente y la ETS viral que más ha aumentado en las últimas décadas, continuando en la actualidad esta tendencia ascendente.

La enfermedad más grave y preocupante de las transmitidas por vía sexual es la infección por VIH. Según datos acumulados desde 1981 al año 2001, se habían notificado en España 20558 casos de SIDA en personas menores de 29 años, lo que representa el 33% de todos los casos declarados.

La transmisión por relaciones heterosexuales no protegidas, representa el 24% de los nuevos casos en el año 2001 y adquiere una especial relevancia en mujeres, donde representa el 40% de los casos. Esta es la única categoría que no ha disminuido en número de casos con respecto a 1999. En el año 2001, se notificaron 2300 casos nuevos de SIDA, casi la mitad de los cuales habian adquirido la infección por transmisión sexual y una de cada tres de estas personas no conocieron su infección hasta que no fueron diagnosticados de SIDA.

La prevalencia de la infección por VIH en pacientes de consultas de ETS, fue de 1,1% para el grupo de 20 a 24 años y de 1,5% para el grupo de 25 a 29 años.

Contracepción hormonal de emergencia

La falta de una planificación que evite las consecuencias no deseadas de la práctica sexual puede medirse, aparte del embarazo no deseado y el IVE a través de otras situaciones como el uso de la Contracepción hormonal de emergencia.

Según los datos del teléfono de información sexual de la Comunidad de Madrid (Línea 900) y otros servicios similares, existe una gran demanda de información sobre este método.

  • Perfil de las usuarias.

La edad de las mujeres que han solicitado la píldora del día siguiente, desde 1995, la mayor parte está comprendida en un rango entre 17 y 26 años de edad, con una media alrededor de los 22 años, aunque hay que señalar que este tipo de tratamiento también es demandado por mujeres por encima de los 26 años hasta incluso mayoresde 40.

La rotura del preservativo o el hecho de no haber utilizado ningún método anticonceptivo son los motivos alegados con más frecuencia por las jóvenes a la hora de solicitar estas pastillas.

Según la Federación de Planificación Familiar de España, se estima que unas 40.000 jóvenes españolas recurren cada año a este tipo de contracepción. Sólo en el Centro Joven de Anticoncepción y Sexualidad de Madrid, en el año 2001, se prescribió este tratamiento a 1.511 mujeres.

  • La “píldora del día siguiente”.

Su comercialización ha supuesto regularizar una situación anómala, sobre todo en cuanto a su prescripción y dispensación se refiere. La ausencia de estrógenos en su composición, minimiza sus efectos secundarios en relación con las anteriores pautas de administración.

Se estima que la eficacia de este fármaco, tomado dentro de las 24 horas siguientes a la relación sexual de riesgo, es del 95%. Este porcentaje desciende al 85% si se toma entre las 24-48 horas después y al 58% si se emplea entre las 48 y 72 horas.

Dada su reciente comercialización, no existe una casuística de su uso y accesibilidad. Ensayos periodísticos indican su escasa accesibilidad. Esta situación puede ser extrema para las personas más jóvenes, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Actualmente se plantea una cierta incertidumbre sobre el posible uso que la población adolescente y joven pueda hacer de éste método, en el sentido que se convierta en habitual y desplace a los realmente indicados como tales (sobre todo el condón). Tal situación, de ser cierta, daría mayores oportunidades a las ITS/ETS y al VIH/SIDA, y alteraría la corresponsabilidad de la prevención en las relaciones sexuales.

Las conclusiones de un estudio cualitativo sobre la venta de preservativos a jóvenes, realizado en la Comunidad de Madrid, por encargo de la Consejería de Sanidad2, señalan que “no utilizar el preservativo es un acto conscientemente orientado a la búsqueda de un goce en un ámbito de riesgo calculado, donde la píldora del día siguiente actúa de red salvadora”.

Garantías jurídicas de los menores respecto a la sexualidad y la contracepción

El apartado 1 del artículo 10 de la vigente Constitución Española (en adelante abreviadamente, C.E.) proclama:

“…La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social…”.

La sexualidad constituye una dimensión fundamental de la personalidad, y parte del contenido de la intimidad que constituye objeto de uno de los derechos consagrados en el artículo 18.1 de la C.E.. Así viene a reconocerlo la Sentencia 53/1985, de 11 de abril, del Pleno del Tribunal Constitucional. En cuanto a la protección de los derechos de la infancia, la Constitución Española la vincula a la forma prevista en los acuerdos internacionales.

Por su parte, el Código Penal presupone legalmente la autodeterminación sexual a partir de los 13 años, edad en la que se reconoce la capacidad de establecer libremente relaciones sexuales consentidas. De lo que se deduce la capacidad para adoptar las medidas anticonceptivas que se tengan por convenientes. Para ello no se necesita consentimiento de progenitor o tutor alguno; ya que la representación legal inherente a la patria potestad, no se extiende a los actos relativos a derechos de la personalidad.

Por lo mismo un menor podrá acudir a los Servicios Públicos de Salud en demanda de la correspondiente asistencia contraceptiva, dentro de la oferta de los servicios (Programa de Orientación Sexual, Planificación Familiar) y exigirlo como un derecho a la protección de su salud y a la asistencia, conforme a lo dispuesto en la Ley General de Sanidad.

De otro lado, hay que tener en cuenta que la demanda anticonceptiva ha de provenir de quien esté capacitado para ello y esta capacidad, según el Código Civil no se identifica con una mayoría de edad, sino con la condición de madurez (capacidad de comprender las consecuencias de su decisión sobre su integridad corporal y sobre su salud, así como sus eventuales repercusiones sobre su vida futura), lo que permite al menor de edad civil, prescindir de la intervención de sus representantes legales. El juicio sobre la condición de madurez del “joven usuario” se deposita en el facultativo.

En el caso de adolescentes menores de trece años, el médico al que se dirijan tiene la obligación de dar atención, reconociendo su condición de madurez/capacidad y solicitando, en su caso que le acompañe su representante legal.

El consumo de alcohol y sus consecuencias

Análisis de la situación.

El consumo de alcohol por debajo de los 16-18 años es un indicador de la permisividad social, la disponibilidad, la gran accesibilidad y el incumplimiento legislativo en materia de alcohol. Por eso los datos de la última Encuesta sobre Drogas a población escolar de 14 a 18 años, representativa a nivel nacional (PND 2000), son de sumo interés para medir este fenómeno. Los más destacados son:

  • El alcohol es la sustancia más consumida entre la población escolar de 14 a 18 años; el 76% declara haber consumido alcohol alguna vez y el 58% declara un consumo habitual (últimos 30 días).

  • La edad media del inicio al consumo se sitúa en los 13,6 años (13,4 en los chicos y 13,8 en las chicas) y al consumo semanal a los 14,8. En términos generales podemos decir que la proporción de bebedores aumenta progresivamente entre los 14 y los 18 años. Los mayores incrementos se producen entre los 14 y 15 años, lo que sitúa a este grupo en una edad crítica en la expansión de este hábito.

  • Se han reducido las diferencias entre chicos y chicas, ellos siguen bebiendo más que las chicas, pero ellas lo hacen con más frecuencia.

  • El 39,7% de escolares se ha emborrachado alguna vez y el 20% lo ha hecho en el último mes. Pese a lo cual tan sólo un 7,4% de los escolares percibe que bebe mucho o bastante.

  • Un elevado porcentaje (28´5%) reconoce haber sufrido alguna consecuencia negativa asociada al consumo de alcohol, principalmente problemas de salud, riñas y discusiones y conflictos familiares (Figura 6). Es destacable el hecho de que el 19,5% reconoce haber conducido vehículos bajo los efectos del alcohol o haber sido pasajeros de vehículos conducidos por alguien que estaba bajo estos efectos.

  • Se mantiene el patrón de consumo de alcohol característico de los adolescentes, consistente en el consumo de cervezas y combinados, preferentemente en lugares públicos, con amigos y durante los fines de semana (viernes, sábado y domingo). Los lugares habituales de consumo entre quienes han bebido en el último mes son los bares con amigos, discotecas y la calle. Así el alcohol adquiere un papel fundamental como articulador del ocio y las relaciones sociales de los jóvenes.

  • Se constata una intensa asociación entre los consumos de alcohol, tabaco y cánnabis, de modo que el uso de cualquiera de estas sustancias implica una alta probabilidad de consumo de las restantes. Los bebedores ocasionales son en el 42% de los casos fumadores ocasionales y en un 35% consumidores de cánnabis.

  • Las principales vías por las que los escolares reciben información son: los medios de comunicación (66´8%), los padres y hermanos (57%), los amigos (53´2%) y los profesores (45´6%). Hecho que pone de manifiesto la importancia, reseñada en este documento, del entorno social y familiar además del educativo.

Pero los jóvenes no son un grupo aislado del resto de la sociedad y el consumo en esta población suele ser un reflejo de lo que pasa en la sociedad en general. Según la Encuesta Domiciliaria sobre consumo de Drogas 1999:

  • El 18,6% de la población encuestada entre 15 y 65 años se ha emborrachado en los últimos doce meses, en frecuencias diversas que abarcan desde todos los días hasta 1 o 2 días al año. El 9,5% de la población encuestada son bebedores de riesgo3. Prácticamente un millón de personas refiere episodios diarios o mensuales de intoxicaciones etílicas. Muchas de estas personas son padres o madres, están al cargo de menores o jóvenes o son modelos para ellos. Las consecuencias sociales en el ámbito familiar del abuso del alcohol ya han sido evaluadas en la Unión Europea.

  • La edad media de la población con frecuencias de borracheras entre 3 y 7 días a la semana está en torno a los 40 años, mientras que por el contrario quienes registran episodios de borracheras de 1-2 días a la semana (normalmente los fines de semana) se sitúa en una edad próxima a los 27 años.

Estas cifras de consumo tiene también reflejos en los datos de mortalidad. En 1998 se ha estimado la mortalidad atribuible al consumo de alcohol en España en más de 11.952 personas, lo que representaría el 3,3% de todas las defunciones. Según el último estudio de la OMS sobre la carga global de enfermedad en el año 2000, una de cada cuatro muertes en hombres europeos de 15-29 años es atribuible al alcohol. Los accidentes de tráfico, envenenamientos y lesiones autoinfligidas son las principales causas de muerte.

En 1999, el Instituto Nacional de Toxicología analizó 1.420 muertes producidas en accidentes de tráfico y los resultados confirman la relación de las muertes con el alcohol y otras drogas. En el 37,4% de los casos analizados los niveles de alcoholemia se encontraban por encima de los límites legalmente establecidos.

Por lo que respecta a la influencia del alcohol en los accidentes, es sabido que la intoxicación aguda es la que más se relaciona con las lesiones, estimándose que 1/6 de las personas que acuden a servicios de urgencias por lesiones se halla bajo los efectos del alcohol (HEA, 1998).

No obstante existen razones para creer que el consumo de alcohol no es un fenómeno general en alza, sobre el que no se puede influir. El porcentaje de abstemios se ha incrementado en la edad de 16-24 años tanto en hombres como en mujeres desde 1987, según la Encuestas Nacionales de Salud y las Encuestas sobre Drogas a población escolar de 14 a 18 años. (Tabla 5 y Figura 7).

Pero a pesar de que el porcentaje de consumidores de alcohol entre los jóvenes haya disminuido, existen importantes colectivos en especial riesgo, uno de los cuales es “la población que sale de marcha”.

Las características más sobresalientes de esta población4, en relación con el consumo de alcohol son:

  • La edad media de esta población es de 21,9 años. Son jóvenes con un estatus socioeconómico medio y más bien alto, que ocupan los lugares centrales y más representativos de las ciudades. En ningún caso se trata de jóvenes marginales o de ambientes periféricos, que también existen en las distintas ciudades pero no han formado parte de este estudio.

  • El consumo de alcohol en esta población es del 90% y de ellos el 70% se ha emborrachado en el último mes y más del 30% una o dos veces a la semana.

  • El 50,7% de esta población ha conducido bajo los efectos del alcohol, de ellos un 9,4% ha tenido accidentes de tráfico.

  • Esta población sale de marcha mayoritariamente dos noches a la semana: 55,8%. La mayoría opina que sus padres ejercen poco (45,3%) o ningún control sobre ellos (24,9%). El 76,7% viven con su familia de origen.

El alcohol tiene consecuencias demostradas en los jóvenes a corto y largo plazo.

En la niñez y en la adolescencia, el consumo de alcohol se asocia con diversos efectos nocivos a corto plazo como son los accidentes, la violencia y las intoxicaciones, así como con problemas del desarrollo y sociales. A largo plazo, el consumo regular de alcohol va unido a un mayor riesgo de enfermedades crónicas graves (cáncer de hígado y otros órganos, hipertensión, etc.). Entre los efectos en el plano social están la delincuencia y la pérdida de productividad o el bajo rendimiento escolar.

El consumo temprano de alcohol se asocia con un mayor riesgo de problemas relacionados con el consumo de alcohol en la adolescencia tardía y la vida adulta.

La conducta sexual arriesgada –múltiples parejas y no utilización de la píldora o preservativo – va a menudo asociada a agresiones sufridas en la infancia, al consumo de alcohol y otras sustancias o a los trastornos del desarrollo y trastornos mentales.

Recientes estudios realizados en Finlandia sugieren que las muertes de jóvenes por causas externas y por suicidio tienen a menudo como denominador común el consumo de drogas y, en concreto de alcohol. Cuanto más baja es la situación socioeconómica de los padres y mayor número de problemas han tenido que afrontar el adolescente durante su trayectoria educativa, mayor es el riesgo de muerte entre 15 y 24 años.

Adolescentes y consumo de alcohol

Durante la infancia los niños y las niñas aprenden a identificar el alcohol con el mundo adulto, bien por el ejemplo de sus padres y madres, bien por la influencia de otros modelos sociales a través del cine, televisión etc.

La adolescencia es una etapa crítica para el inicio del consumo de sustancias adictivas. Son sustancias que pueden marcar en muchos adolescentes el acceso al mundo de adulto. La imitación y el deseo de ser como los demás tienen un peso muy importante en el inicio del consumo de alcohol.

La construcción del hábito de consumo de alcohol que, en la mayoría de los casos, comienza por inercia, sin una reflexión previa, dentro de un entorno que lo favorece, se verá potenciada en la medida en que el o la adolescente aprenda que el alcohol le sirve, al menos a corto plazo, para evitar situaciones negativas (por ejemplo vencer la timidez, calmar los nervios), o para obtener o intensificar sensaciones positivas (pasarlo bien, desinhibirse, sentirse a gusto con su grupo, tener sensación de euforia, etc.). En la medida en que no desarrolle otras capacidades alternativas para conseguir esos resultados que se esperan del alcohol, su consumo se verá favorecido.

En realidad, lo que identifica y diferencia el consumo de alcohol por los adolescentes son los modos y actitudes seguidas en ese consumo, en la medida en que responden a pulsiones, actitudes y necesidades muy relacionadas con su personalidad. Entre ellas destaca:

LA GRUPALIDAD. A medida que aumenta la edad y la frecuencia del consumo, éste se traslada al entorno de amigos. Los jóvenesbbuscan su identidad y construyen subpersonalidad entre sus iguales. Por otro lado las pandillas o grupos actuales, se caracterizan, a diferencia de las tradicionales (definidas por una cierta estructuración y fidelidad), por ser más abiertas, flexibles, e informales, sirviendo de marco de encuentro e intercambio, al mismo tiempo que permiten “ir a su aire”. Esta flexibilidad, este estar y no estar, permite a los jóvenes aguantar en grupo más tiempo, y no hay que olvidar que es el grupo, el marco en el que se produce un mayor consumo.

LA SIMETRÍA. La cantidad de alcohol consumida por un adolescente parece depender de la cantidad que ingieran los compañeros, por lo que la voluntad de dominio o control sobre la propia ingesta se supedita a la presión grupal.

LA EXPERIMENTACIÓN. El grupo ofrece la suficiente seguridad como para que el menor pueda desplazar la relación de simetría de un plano interpersonal a un plano intrapersonal (probarse a sí mismo). Confluyen en él una serie de rasgos (atracción por el riesgo como un modo de conocer y ampliar los límites, falsa conciencia de invulnerabilidad etc.) que contribuyen directamente a la intensidad de la ingesta.

Cuando analizamos las características del "ser joven" actual debemos entender que los procesos de socialización se realizan en actividades intrínsecamente unidas a diferentes drogas. Debe conocerse el proceso valorativo de los jóvenes y de sus padres, para poder aprehender el fenómeno de las drogas entre la juventud actual.

Como factores individuales añadidos hay que señalar la percepción del riesgo y la percepción positiva derivada del uso. En los adolescentes la percepción del riesgo ante el alcohol es menor que para otras drogas.

El consumo de sustancias como el tabaco y el alcohol son vistos por muchos expertos como conductas "de entrada", que, para muchos individuos, son precursores del consumo de otras drogas. Así, pese a que la experimentación con estas sustancias frecuentemente es vista como algo normal y el consumo ocasional en sí mismo puede no ser dañino, los expertos en prevención le dan una importancia crucial ya que evitando la experimentación con estas sustancias se garantiza que no se llegará a un consumo inadecuado de esas sustancias y seguramente tampoco se llegará a consumir otras sustancias más dañinas.

Pasado el consumo ocasional, es frecuente que los adolescentes y jóvenes mantengan, dentro del grupo de iguales, un nivel alto de consumo de alcohol. Este nivel tiende a moderarse y estabilizarse a medida que el o la joven construye su propia personalidad, se hace más independiente del grupo de iguales y desarrolla su propio autocontrol.

Pero conviene tener presente que esta moderación del consumo no ocurre en todos los casos y la probabilidad de que se produzca es menor, cuanto más elevado es el nivel de consumo en la adolescencia y la juventud.

Otro elemento que contribuye al importante consumo de esta sustancia es la publicidad, destinada al mantenimiento y a la captación de nuevos bebedores en grupos de población vulnerables, como son los niños, adolescentes y mujeres, a través de la publicidad directa, mediante la promoción de sus productos bajo el patrocinio de diversas actividades (deportivas, musicales, viajes, sorteos, premios, etc.), o utilizando marcas en otros objetos (ropa, disco, calzados, relojes, etc.). La publicidad se sustenta en estudios motivacionales y pulsa todos los resortes por los que se mueve la juventud (diversión, popularidad entre iguales, sexo, modernidad, contestación…). La promoción del consumo de alcohol puede hacerse incluso a través de bebidas refrescantes para niños cuyo diseño imita el de bebidas alcohólicas y mediante anuncios que incluyen los refrescos en el mismo contexto social en que los adultos usan alcohol.

Finalmente, debemos señalar que la accesibilidad a estos productos (que es muy importante en España) es otro factor claramente determinante. Además de los límites de edad, se debería poner límites a las promociones (dos por uno, barra libre, etc.) y concursos de bebidas.

Límites de seguridad en el consumo

Hablamos de ABUSO de alcohol cuando el consumo pueda tener consecuencias adversas, ya sean con carácter agudo o crónico, para la persona:

  • Porque se superen determinadas cantidades.

  • Debido a las actividades que se realizan simultáneamente, como la conducción de un coche o de una moto o el manejo de cualquier máquina compleja...

  • O por determinadas características de la persona: ser muy joven, estar embarazada, tener un problema de salud, consumir medicamentos...

Por todo ello, más que de abuso habría que hablar de mal uso.

En relación con los límites de seguridad en el consumo de alcohol, la realidad es que no se puede responder de una forma única y concreta. Cada persona y cada circunstancia son únicas (por ejemplo, sí se va a conducir lo seguro es no beber alcohol). Además, la defensa metabólica ante el alcohol es más baja en menores de 18 años, por lo que su consumo en estas etapas de la vida, puede producir más fácilmente alteraciones orgánicas y/o psicológicas. Siendo importante recalcar que no existe un limite de seguridad de consumo de alcohol en menores de edad.

En ADULTOS, y sólo como orientación general, existen unos límites de consumo considerados seguros internacionalmente, y que tienden a ser cada vez más restrictivos. Éstos son:

  • Hombres sanos, no superar los 30 gramos de alcohol puro al día.

  • Mujeres sanas, no superar los 20 gramos de alcohol puro al día.

En cualquier caso, el consumo regular no debería ser diario, sino intercalar al menos dos días a la semana sin alcohol.

Por todo ello, la OMS lanzó un mensaje:ALCOHOL- LESS IS BETTER, traducido por nosotros como ALCOHOL: CUANTO MENOS MEJOR. Con este mensaje se pretende transmitir la idea de que no existe un límite estricto en relación al nivel de consumo de alcohol a partir del cual éste empieza a ser perjudicial para la salud, pero que en cualquier circunstancia cuanto menos cantidad de alcohol se consuma mejor.

Cuando se beben diariamente más de 40 gramos al día (4-5 consumiciones) en el caso del hombre, y más de 20-24 gramos (2-3 consumiciones) en el caso de la mujer, o se realizan ingestiones concentradas de 5 o más bebidas en una ocasión de consumo, se impone una seria reflexión y cambio de hábito, que el individuo puede lograr siendo informado y aconsejado por su médico.

Conclusiones o análisis de tendencias

La revisión de los distintos estudios realizados tanto en el ámbito internacional, como nacional y autonómico, nos permite extraer algunas CONCLUSIONES de interés sobre el patrón del consumo juvenil de alcohol:

Existe una tendencia Europea a la homogeneización de los patrones juveniles de consumo de alcohol (GLOBALIZACION).

La EDAD de INICIO a consumos regulares es cada vez más temprana. Es un hábito extremadamente frecuente, y probablemente podamos afirmar que es la droga más consumida. Pero NO ES UN HÁBITO GENERALIZADO. El porcentaje de jóvenes abstemios (NO BEBEDORES) se viene incrementando en los últimos años en España.

Los jóvenes que beben lo hacen en cantidades cada vez más elevadas, siendo cada vez más frecuente consumos muy elevados de alcohol en cortos períodos de tiempo (“binge drinking”) y por tanto,

Aumenta la frecuencia de episodios de embriaguez en nuestros jóvenes, y este hecho forma ya parte de la CULTURA JUVENIL DE ALCOHOL.

Estos patrones se traducen en alteraciones de las relaciones con la familia, compañeros y maestros, bajo rendimiento escolar, agresiones, violencias, alteraciones del orden público y conductas de alto riesgo, como conducir tras haber bebido, así como actividades sexuales de riesgo, que conllevan embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

También se traducen en un incremento de los problemas relacionados con el alcohol (trastornos físicos y mentales, complicaciones sociales y dependencia alcohólica).

Además, cada vez es más importante la cuestión de GENERO. Tradicionalmente las chicas han venido consumiendo alcohol en menor frecuencia y en menor cantidad que los chicos en la mayoría de países europeos. Estas diferencias están desapareciendo, e incluso se están invirtiendo.

Entre las MOTIVACIONES para beber debemos destacar que cada vez es más frecuente la búsqueda de los efectos psicoactivos del alcohol, es decir, el uso de alcohol como droga. La vivencia subjetiva que produce no está exenta de una cierta función socializante entre pares, aunque difiera del tradicional consumo social de las bebidas alcohólicas en adultos.

El consumo habitual de los menores se realiza fuera del entorno familiar. El consumo se realiza fuera de casa, en la calle y en los espacios donde se producen las relaciones sociales de los jóvenes, lugares de encuentro y diversión y se realiza en el grupo de iguales.

Destacan las nuevas tendencias de consumo masivo concentrado en el fin de semana por parte de la población juvenil.

Se consume principalmente cerveza, observándose un consumo creciente de bebidas destiladas, principalmente a través de mezclas y combinados.

Políticas de control desde la perspectiva de Salud Pública

Desde finales de los 60, especialmente como resultado de la investigación realizada por Ledermann, Terris, Lint, Schmidt, Makela y Skog, los problemas de alcohol se enfocaron desde la perspectiva de la Salud Pública, concentrando la atención en los individuos que sufrían alcoholismo y problemas relacionados con el alcohol, en el consumo general de alcohol en comunidades bebedoras, en los factores que inciden en ese consumo, en la relación entre distintos grados de consumo de alcohol y desarrollo de enfermedades relacionadas con el mismo y en los accidentes entre las personas bebedoras en su conjunto (Gil et al 1994). Este enfoque se ha ido ampliando progresivamente a toda la población de bebedores, incluyendo los bebedores ligeros y moderados quienes, numéricamente acumulan más problemas sobre todo en el ámbito social (por ejemplo: alcohol y accidentes de tráfico). La actuación sobre este colectivo (identificación e intervención precoces) tiene un elevado potencial preventivo. En los últimos años, el enfoque poblacional está siendo complementado por la atención a grupos de especial riesgo, al haberse evidenciado que tan importante es el consumo per cápita como el patrón de bebida.

A parte de la conocida relación del alcohol con los accidentes de tráfico, las conductas sexuales de riesgo y la salud mental, a largo plazo hoy podemos afirmar que existe una relación dosis-respuesta entre el consumo per cápita de alcohol, y la frecuencia y gravedad de numerosas enfermedades. Y que a mayores niveles de consumo corresponden tasas de mortalidad y morbilidad más elevadas de cirrosis hepática, determinados cánceres, accidentes, síndrome alcohólico fetal y otras enfermedades (Leifman, Romelsjö 1997; Smart et al 1998).

Es este conocimiento científico de los factores o riesgos asociados al consumo de alcohol, lo que ha contribuido a fomentar el debate público sobre sus consecuencias.

En el marco del Plan Europeo de Actuación sobre Alcohol, de la Oficina Regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recoge el hecho de que para conseguir una reducción significativa de los problemas relacionados con el alcohol es necesario un enfoque poblacional, dirigido a la reducción del consumo global (consumo per cápita), y un enfoque de alto riesgo dirigido a los bebedores excesivos, siendo siempre ambas estrategias complementarias (Edward et al 1994).

La necesidad de un enfoque poblacional viene justificada por el hecho, también constatado en España (Artalejo et al 1999), de que un cambio en el consumo total de alcohol en la población va acompañado de un cambio en igual dirección en la proporción de grandes bebedores. Por otro lado, dado que el abuso de alcohol aumenta la probabilidad de problemas físicos, psicológicos y sociales, el consumo medio ha de estar estrechamente relacionado con la prevalencia de estos problemas en la sociedad.

Eurocare recoge en un informe elaborado para la Unión Europea (Eurocare 1998), los problemas derivados del consumo de alcohol en la familia, y señala que la probabilidad de sufrir problemas familiares se incrementa con la cantidad de alcohol consumida y con la frecuencia de intoxicaciones. Y por tanto, las políticas tendentes a incrementar el consumo de alcohol tienden probablemente a incrementar los problemas derivados del alcohol en la familia, provocando daño y ruptura de la unidad familiar.

En los últimos años se ha estado investigando también la relación entre los diversos patrones de consumo y distintos tipos de problemas. El estudio ECAS sobre 15 países europeos revela cómo la variación de 1 litro en el consumo per cápita repercute de forma diferente según el estilo de consumo de cada país. Así, mortalidad por cirrosis hepática se incrementa en todos los países al aumentar el consumo, los accidentes aumentan en la mitad de países y el suicidio sólo aumenta en los países nórdicos. La mortalidad cardiovascular no aumenta, pero tampoco disminuye a nivel poblacional al incrementar el consumo.

El patrón de consumo en atracones, que incluye episodios de embriaguez, tiene un enorme impacto en la accidentalidad. La intoxicación aguda o ingestión concentrada de alcohol en gente que habitualmente bebe con moderación es la causa más frecuente de lesiones relacionadas con el alcohol. De ahí las estrategias poblacionales dirigidas a los bebedores moderados.

En definitiva, los problemas relacionados con el consumo de alcohol y las motivaciones que inciden a beber son múltiples y complejas como lo es también su abordaje, que debe sustentarse en una política global, multisectorial y multidisciplinar, con la participación de todas las áreas implicadas: Salud, Educación, Bienestar Social, Empleo,Tráfico, Agricultura, Comercio, Interior, Justicia y Hacienda.

Por ello, no existe una "actuación estrella" para su abordaje, sino que toda estrategia de intervención necesita estar enmarcada en una política global, comprensiva y multisectorial, tal como se señala en la "Carta Europea sobre Alcohol", adoptada en Diciembre de 1995, por los Estados Miembros de la Región Europea de la Organización Mundial de la Salud en el marco del 1er Plan Europeo de Actuación sobre Alcohol, en la que se recogen los principios éticos, metas, y diez estrategias para la acción sobre el alcohol. Carta Europea que sin duda constituye un hecho histórico sin precedentes, y que marca un punto de inflexión en el desarrollo de políticas de salud relacionadas con el alcohol en el ámbito de la Región Europea.

Las 10 estrategias para la acción, aprobadas con esta carta, sirven de nexo común para el desarrollo de actividades en el campo del alcohol, sin interferir con las propuestas que en los distintos ámbitos se desarrollen en función de las necesidades y prioridades. El 2º Plan Europeo sobre Alcohol, sin renunciar a objetivos poblacionales de reducción del consumo per cápita, incide sobre las pautas arriesgadas de consumo.

En un reciente estudio, financiado por la Comisión Europea, dirigido a conocer las tendencias en políticas de control de alcohol en los países que integran la Unión Europea (con la excepción de Luxemburgo, y la inclusión de Noruega) desde 1.950 hasta el año 2.000, se analizaron los siguientes subgrupos:

  • Control de producción y venta. Monopolios estatales y sistema de licencias para la producción y venta.

  • Control de distribución. En referencia a las limitaciones de la disponibilidad (días, horas de venta..).

  • Control personal. Referido a la edad legal límite para la venta de bebidas alcohólicas.

  • Control de la publicidad. Legislación de países más código ético suscrito voluntariamente por los productores, cuyo cumplimiento debe monitorizarse y forzarse.

  • Control social y ambiental. Especialmente referido a los niveles máximos de alcoholemia permitidos.

  • Políticas públicas. En referencia a la existencia de agencias o de programas preventivos y educativos.

La principal conclusión del estudio es el hecho de que las diferencias encontradas en 1.950 en políticas de control de alcohol, entre los países objeto de estudio, no son tan manifiestas en el año 2.000. Se ha producido una convergencia en estas políticas a nivel europeo. España ha avanzado posiciones en políticas de control, pudiendo decir que junto con Francia y Bélgica ocupa una posición intermedia, lo que nos indica que aún hay mucho camino por recorrer (Figura 8).

En términos globales, los principales avances se han conseguido en los aspectos referidos a la prevención de los accidentes de tráfico relacionados con el consumo de alcohol, el control de la publicidad, las actividades preventivas y educativas y las edades legales límites para la venta de alcohol.

Situación de la Salud Mental

La salud mental hace referencia a cómo una persona piensa, siente y actúa cuando hace frente a situaciones de la vida. Es como la gente se ve a sí misma, cómo ve su vida y sus relaciones personales, cómo evalúa los cambios y los problemas y cómo busca soluciones. Esto incluye el manejo del estrés, las relaciones con otras personas y la toma de decisiones. Es decir, la salud mental depende de los siguientes parámetros:

  • Autonomía funcional.

  • Percepción correcta de la realidad.

  • Adaptación eficaz y respuesta competente a las demandas del entorno.

  • Relaciones interpersonales adecuadas.

  • Percepción de auto-eficacia.

  • Buen autoconcepto.

  • Estrategias adecuadas de afrontamiento del estrés.

La salud mental es fundamental para la salud, el bienestar personal, las relaciones familiares e interpersonales satisfactorias y para la contribución a la comunidad o la sociedad.

Aunque se pueden identificar muchos componentes de la salud mental, la salud mental no es fácil de definir y la definición de arriba es solo una referencia, ya que está muy influida por valores culturales.

La epidemia de mala salud mental

Estudios europeos recientes demuestran que entre un 17% y un 22% de los jóvenes menores de 18 años sufren problemas de desarrollo, emocionales y de conducta. Uno de cada ocho jóvenes padece un trastorno mental y entre los niños socioeconómicamente desfavorecidos esta razón alcanza uno de cada cinco.

Entre los trastornos mentales bien catalogados, las prevalencias calculadas por el Centro para los Servicios de Salud Mental de los Estados Unidos para niños y adolescentes, puede verse en la siguiente Tabla:

 

  • Uno de cada cinco niños o adolescentes puede tener un problema de salud mental que puede ser diagnosticado y tratado durante su desarrollo.
  • Uno de cada diez puede tener un problema emocional serio (que altera e interrumpe la vida social, académica y emocional).
  • Dos tercios de todos los jóvenes con problemas, no reciben ayuda. Sin ayuda las consecuencias pueden llegar desde el fracaso escolar, el abuso del alcohol y las drogas, los problemas familiares (discordias, la violencia o incluso el suicidio).

Muchos de estos trastornos pueden prevenirse:

  • Desórdenes de ansiedad. Afectan a 8 ó 10 de cada 100 niños y adolescentes, son los más comunes.
  • Depresión mayor. Afectan a 6 de cada 100 niños y adolescentes.
  • Desorden bipolar. 1 de cada 100 adultos. Aparece a veces durante la pubertad.
  • Déficit de atención/Hiperactividad. 5 de cada 100. Niños y adolescentes.
  • Déficit de aprendizaje. 5 de cada 100. Niños y adolescentes.
  • Desórdenes de conducta. 4 a 10 de cada 100 niños y adolescentes.
  • Desórdenes de la alimentación. 1 de cada 100 a 200 adolescentes chicas (Anorexia), 1 a 3 de cada 100 adolescentes (Bulimia).
  • Autismo y otros trastornos relacionados. 7 a 14 de cada 10.000 adolescentes.
  • Esquizofrenia. 3 de cada 1000 adolescentes.

Como en otros problemas de salud, podemosestimar que las cifras podrían ser muy similares en nuestro entorno.

En España no existen datos poblacionales representativos de salud mental, aunque los datos de frecuentación hospitalaria y determinadas encuestas parecen indicar que la epidemia de mala salud mental que se cierne sobre los países desarrollados es aquí también una realidad.

En 1998 se produjeron 103.055 ingresos hospitalarios por trastornos mentales. 12.715 ingresos por trastornos mentales se produjeron en el grupo de 15 a 24 años. Los ingresos hospitalarios por esta causa se disparan en este grupo de edad y estas cifras se doblan en la edad de 25 a 34 años, donde sólo las causas obstétricas aventajan en estancias hospitalarias a esta patología. Estos datos sólo reflejan una parte de la magnitud del problema. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los problemas mentales de los jóvenes cursan sin que surja un ingreso hospitalario y si en estas edades no se previenen o no tienen el tratamiento adecuado, producirán consecuencias a corto, medio y largo plazo.

En los jóvenes, uno de los indicadores de los trastornos no graves de salud mental parece ser la salud percibida. La percepción que tienen los jóvenes de su propia salud parece ir en general muy unida al entorno familiar, al estilo de vida, al rendimiento escolar, a las relaciones sociales y a las condiciones de vida. La mala calificación de la propia salud y la percepción de síntomas coinciden con modos de vida arriesgados, especialmente el consumo de drogas, la soledad, un ambiente escolar que se percibe de forma negativa y una gran cantidad de problemas vividos en relación con el colegio o el trabajo.

En 1997, según la Encuesta Nacional de Salud, el 15,7% de la población de 16 a 24 años valoró que su estado de salud era regular, malo o muy malo. (Figura 9).

La enfermedad invisible y estigmática

La salud mental es uno de los componentes de la salud más invisibles y peor evaluados.

Uno de los principales problemas para el acceso a tratamientos eficaces es que las enfermedades y problemas mentales son aún un estigma.

Se estima que menos del 20% de los jóvenes europeos con problemas mentales recibe un tratamiento adecuado, a pesar de que existen una gran variedad de tratamientos psicosociales y farmacológicos eficaces. La eficacia de los tratamientos de salud mental está bien documentada y existe tratamiento para la gran mayoría de las enfermedades mentales.

Las enfermedades mentales son condiciones reales con un inmenso impacto en el individuo y su entorno.

De hecho, el estudio de la Carga Global de Enfermedades dirigido por la OMS, el Banco Mundial y la Universidad de Harvard, revela que la enfermedad mental, incluido el suicidio, ocupa el segundo lugar en la carga de enfermedad en los países con economía de mercado.

Carga de enfermedad por categoría de enfermedades en los países
con economía de mercado, 1990 (medido en Dalys)

 

Todas las dolencias cardiovasculares                   18,6%

Todas las enfermedades mentales                        15,4%

Todas las enfermedades cancerosas                   15,0%

Todas las enfermedades respiratorias                   4,8%

Todas las derivadas del consumo de alcohol        4,7%

Todas las infecciones infecciosas y parasitarias   2,8%

Todas las derivadas del consumo de drogas        1,5%


Fuente: Murray & López, 1996

 

Una de las consecuencias no evaluadas de una deficiente salud mental es la violencia. Un reciente estudio del Defensor del Pueblo pone de manifiesto que el 33% de los alumnos enseñanza secundaria manifiestan haber sufrido violencia verbal, el 7% violencia física, el 9% violencia psicológica, el 11% violencia social y el 20% ha sufrido algún robo.

Características en la juventud

La OMS ha alertado en el pasado mes de marzo sobre la salud mental de los adolescentes y como ésta condiciona el futuro de las sociedades.

La infancia y adolescencia está caracterizada por periodos de transición y reorganización, y es crítico hacer la valoración de pensamientos, emociones y conductas de esta población de acuerdo con esta evolución y el contexto familiar, social y cultural.

Los trastornos mentales de los jóvenes no son entidades tan tipificadas y definidas como los de los adultos.

Los problemas y alteraciones mentales aparecen en familias de todas las clases sociales y con todos los tipos de antecedentes, nadie está inmune.

Existen una serie de factores de riesgos conocidos que incluye:

Incapacidad mental (retraso), bajo peso al nacimiento, historia familiar de alteraciones mentales o adicciones, pobreza multigeneracional, separación de las personas cuidadoras, antecedentes de abusos y negligencia.

Las intervenciones preventivas sobre estos factores de riesgo han demostrado ser efectivas a través de programas educativos para niños y jóvenes y también para los padres y a través de apoyo especializado familiar.

La incidencia de muchos trastornos (depresión, trastornos relacionados con el consumo de drogas, conducta suicida, trastornos de la alimentación y psicóticos) aumenta notablemente de la niñez a la adolescencia y la prevalencia continúa incrementándose en la edad adulta debido a los casos concurrentes.

La depresión que comienza en la adolescencia es un estado muy recurrente, que causa un grave detrimento de la capacidad psicosocial y que constituye un problema serio de salud pública. La depresión en la niñez y en la adolescencia se asocia con problemas subsiguientes de adaptación, bajo rendimiento escolar y conducta suicida. Según los datos epidemiológicos disponibles, la prevalencia de la depresión grave a lo largo de la vida es de alrededor del 4% en el grupo de edad de 12 a 17 años, y del 9% a los 18 años (el doble en las mujeres que en los varones). Los últimos resultados sugieren un aumento de la prevalencia de la depresión adolescente.

En la adolescencia temprana es habitual el consumo experimental de drogas, pero sólo una minoría acabará desarrollando una adicción a estas sustancias. A la edad de 15 a 24 años, el consumo y la dependencia de las drogas se asocia con frecuencia a trastornos mentales como la depresión. Además, el consumo de este tipo de sustancias, cuando se es joven, presenta un alto riesgo de desarrollar trastornos mentales graves en la edad adulta.

El suicidio es una de las tres causas principales de muerte entre los jóvenes. Alrededor del 14% de los suicidios se cometen a la edad de 15 a 24 años. La conducta suicida se asocia a menudo con los trastornos depresivos o con el consumo de drogas, lo cual pone de manifiesto la importancia de las intervenciones de prevención y tratamiento de estas enfermedades. El suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte en jóvenes a partir de los 14 años y algunos estudios encuentran tasas entre 15-20% de adolescentes con ideación suicida acompañada de sentimientos de desesperanza e indefensión. En la Figura 10 se presenta la tasa de mortalidad ajustada para el grupo de edad de 15 a 24 años.

Los trastornos de la alimentación son una amenaza seria para el desarrollo normal del individuo. Alrededor del 20% de las víctimas tempranas se convierten en casos crónicos, y la mortalidad es aproximadamente del 6% a lo largo de la vida. Los trastornos de la alimentación afectan unas diez veces más a las chicas que a los chicos.

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